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“Pedimos buscar la forma de romper el bloqueo y el riguroso cumplimiento de los acuerdos sobre la evacuación de mujeres y niños para garantizar la seguridad del paso de los convoyes con refugiados porque es inadmisible exponer al peligro a los civiles durante las evacuaciones”, afirmó a la agencia el activista local Ahmad Bush.

Un terrorista suicida detonó el 15 de abril el coche bomba que conducía cerca de un aparcamiento de autobuses en Al Rashidín, un área controlada por los rebeldes donde los evacuados de Fua y Kefraya esperaban luz verde para proseguir hacia Alepo.

Los evacuados de los poblados sirios de Fua y Kefraya carecen de agua y comida, lo que aprovechó el terrorista suicida autor de la explosión en el aparcamiento de autobuses de Al Rashidín para atraer a los niños ofreciéndoles golosinas y acabando con la vida de 67 de ellos.

Según Bush, “la existencia real de esta amenaza se nos reveló con la explosión en Al Rashidín”.

Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, el ataque, cuya autoría sigue sin determinarse, es un crimen de guerra.

A finales de marzo las autoridades sirias lograron el acuerdo de “las cuatro ciudades” con sus grupos armados para que dejasen marcharse a los vecinos de Fua y Kefraya, dos aldeas chiíes bloqueadas por los insurgentes.

A cambio, se acordó que un total de 8.000 miembros de grupos armados pudieran abandonar libremente las ciudades de Madaya y Zabadani, en la gobernación de Rif Dimashq.

El activista sirio aseveró a la agencia que tras la evacuación de mujeres y niños “las personas que queden en nuestras ciudades continuarán defendiendo sus posiciones y no permitirán a los terroristas que las tomen”.

Vivir en un cerco total

“Desde el 28 de marzo de 2015 vivimos totalmente rodeados, nos disparan todos los días, los rebeldes intentaron tomar en cinco ocasiones nuestras ciudades, pero nuestros defensores lograron repeler todos estos asaltos”, recuerda Bush.

Según el activista “el último avance fue la firma del acuerdo de las ‘cuatro ciudades'”.

“Durante el asedio murieron 3.800 personas y resultaron heridas 5.700; cuando en el marco del acuerdo de las ‘cuatro ciudades’ la gente comenzó a reunirse junto a los autobuses para trasladarse, los terroristas bombardearon el lugar, matando a varias mujeres y niños y dañando varios vehículos”, señaló.

Para Ahmad Bush, “la prueba más dura durante el asedio fue la carencia de agua, ya que los terroristas dañaron los principales sistemas de abastecimiento de nuestros poblados”.

“Además de eso no alcanza el combustible, los medicamentos, incluso los analgésicos se tornaron una rareza; el equipamiento médico fue destruido por el bombardeo de los terroristas al único hospital, resulta muy difícil ofrecer atención médica primaria, no nos alcanzan los doctores y el personal médico”, lamentó.

El activista señaló que la población padece mucho por “la falta de artículos de primera necesidad, que recibimos una vez cada cuatro o cinco meses, cuando llega la ayuda humanitaria de las organizaciones internacionales, como la Media Luna Roja, por ejemplo”.

“Cada cuatro o cinco días nos lanzaban alimentos desde aviones; tocaba un pan por persona, teníamos que estirar media hogaza para tres días”, rememoró.

El activista señaló que en la evacuación contemplada en el acuerdo de las “cuatro ciudades” se priorizaron los heridos y enfermos.

“Les contaré sobre mi familia, mi esposa y mis hijos marcharon, mi hija está enferma, requiere de ayuda especializada en Damasco o Beirut, pero resultaron heridos durante la explosión de Al Rashidín, tras la cual nos costó trabajo contactar con nuestros familiares y amigos”, comentó Bush.

Según testimonia el activista, “solo a través de las redes sociales logramos establecer que algunos de los heridos fueron a dar a hospitales turcos, otros a hospitales ubicados en zonas controladas por los terroristas”.

24 horas encerrados en un autobús

La activista siria Misaa Aswad viajaba en el convoy de civiles que huía de Fua y Kefraya y fue testigo de la explosión.

“Desde nuestra llegada (a Al Rashidín) nos tuvieron encerrados en el autobús durante 24 horas”, denunció.

Según ella, los refugiados no podían moverse, “no les dejaban salir”.

“Solo a los niños y a los ancianos les permitían salir durante 10 minutos para ir al baño; en los autobuses repletos hacía mucho calor y faltaba el aire”, denunció.

Tras eso, recuerda ella, los terroristas comenzaron a preparar el atentado.

“Los extremistas comenzaron a conversar con nuestros niños y a ofrecerles chocolate y manzanas, para ese momento llevábamos mucho tiempo sin comer y teníamos mucha hambre; los terroristas reunieron a los niños en la calle y les dijeron que vendría un auto con comida rica, frutas y chocolates”, recuerda.

Aswad señala que estaba sentada en el último autobús junto a la ventanilla “y lo vio todo bien”.

“Junto al fin de la columna los extremistas comenzaron a traer cámaras de foto y vídeo, para grabarlo todo bien; luego, unos 15 minutos antes de la explosión, les dijeron a los niños que venía un vehículo con patatas fritas, y estos corrieron al lugar señalado sin que los padres pudiesen controlarles”, aseveró.

La activista comentó que “llegó un auto con una inscripción de ‘Comida para perros’, desde el cual lanzaban la comida a la tierra, y en ese momento estalló la bomba”.

“Un total de 120 personas murieron, 285 desaparecieron, encontramos a algunos, ya que los llevaron a hospitales en ambulancias de la Media Luna Roja, pero hasta el momento no tenemos noticias de aquellos a los que se los llevaron en vehículos de los terroristas”, afirmó.

Aswad añadió que “poco antes de la explosión los extremistas que estaban en los autobuses se bajaron de estos y se alejaron a una distancia considerable”.

“Quiero hacer un llamado a la comunidad internacional a través de Sputnik para llamar la atención sobre el sufrimiento de la gente de Fua y Kefraya; yo logré escapar de allí, pero quedó mi marido, según las condiciones del acuerdo”, declaró.

La activista señaló que junto con ellos también salieron de la ciudad combatientes que les insultaban y les maltrataban, y antes de la explosión abandonaron los autobuses”.

“Lo que ocurrió en Al Rashidín es un suceso trágico para la humanidad, demandamos que no se permita el exterminio de nuestros poblados, queremos retornar a nuestro hogares, pero para ello es necesario poner fin al bloqueo”, concluyó.

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